Teodora Leal

Bien se podría decir que por sus venas corre sangre marina. Criada entre la arena y el mar, en su querido Chaihuín, lugar invariable de vida y trabajo. Desde muy niña conoció y aprendió el oficio de toda su familia, primeramente recolectando algas y posteriormente mariscando, labor que hasta el día de hoy realiza con pasión y orgullo. “Voy a cumplir 50 años y todavía bajo a mariscar, y es un riesgo, porque nosotros cuando bajamos no sabemos si vamos a volver a nuestro hogar”, comenta.
Mujer de mar por antonomasia. Fuerte, trabajadora, resiliente. A muy temprana edad se inició en la recolección de orilla, siempre en su amado terruño. “Mis papás eran agricultores y pescadores en Chaihuín, por tanto, nosotros nos criamos en la costa. Cuando éramos chiquititos, en verano o vacaciones de invierno, nos llevaban a trabajar con ellos, entonces, toda nuestra vida ha estado ligada al mar”, explica.
A los 9 años comenzó a forjar su futuro en el rubro que desde siempre observó y aprendió de manera innata. “A esa edad, en verano, nosotros trabajamos en la luga, un alga que brota entre noviembre y marzo, por lo cual, recolectábamos algas en diciembre, enero y febrero”, comenta.
-Estamos hablando de unas cuatro décadas atrás. ¿Cómo era entonces la recolección, qué tipo de algas extraían y cómo?
“Bueno, había dos tipos de algas que trabajamos nosotros, que son la luga y el pañuelo. La luga es la que está pegada en las rocas y se empieza a extraer más o menos en diciembre, antes que el pañuelo. Se va aferrando a las piedras y se va sacando, bueno, en el tiempo que la recolectábamos, no se vendía verde, se vendía seca, por lo que las colocábamos al sol en la tarde, las teníamos que dar vuelta y después se guardaba bien sequita en una choza o en una cueva, y así se juntaban hartas algas y después se vendían.
Con el pañuelo se hacía lo mismo, pero esta alga la tira el mar a la orilla y ahí se va recogiendo, esto, generalmente, cuando el mar esta malo. En ese tiempo trabajábamos con harta gente, con mis hermanas, mi mamá, cuando éramos chicas. Después, ya más grande, trabajaba con mi marido. Todas mis hermanas se dedicaron a la recolección de algas”.
-¿Y cómo comercializaban los producto? ¿Quiénes eran los principales compradores?
“Las algas las venían a comprar aquí mismo, pero en aquel tiempo no había bajada a la playa, así que las acarreábamos en sacos, a caballo o al hombro, para que se las llevaran en vehículo. Hoy día estamos más regalones, ya hay bajada y no es tan sacrificado, eso sí, ya no se vende seca, se vende verde, sin el proceso de secado de antes. Los compradores eran intermediarios, como le decimos nosotros. Eso se exporta y las empresas las compran para hacer, generalmente, cosméticos”.
-¿Y en qué momento dio el giro a mariscadora de orilla?
“También a los 9 años, porque eso se hace en temporada de invierno, desde marzo a noviembre, porque después ya no se puede por las algas, porque tapan las rocas o se pone muy resbaloso y es peligroso, aparte que la lapa en verano se esconde por el calor. Nosotros recolectamos, actualmente, luche, cochachuyo y caracol negro.