Nancy Monsalve
Nacida y criada en Los Molinos. Desde muy pequeña absorbida por el quehacer de su familia en alta mar, el cual, naturalmente, heredó. ‘Remó contra la corriente’, rompió brechas y estereotipos, y se convirtió en la primera mujer buzo de la región. “Me siento orgullosa, porque gracias a mi crianza en la costa, todo lo que he soñado, le he conseguido”, comenta.
Una historia de vida admirable, que ejemplifica, cabalmente, el dicho “querer es poder”. Hoy, a sus 59 años, lejos de pensar ‘colgar las aletas’, se prepara para una nueva temporada de extracción.
Llegó a esta vida abrazando al mar. Descendiente de una familia que desde siempre ha estado vinculada a la pesca artesanal, por lo que sus vivencias y recuerdos, instantáneamente, se instalan en la costa valdiviana. “Desde que tengo noción, vi a mi mamá en las orillas de las piedras sacando luche, mañigue, luga luga, cochachuyo. Mi papá salía con su bote a pescar y nos llevaba a nosotros desde chiquitos, a mis hermanos mayores y a mí. Toda mi vida ha estado ligada al mar”, indica.
“En la profundidad del mar, me siento en la arena y veo mis burbuja de aire y miro hacia el cielo y veo que los rayos de sol golpean el agua, entonces, se genera un abanico de muchos colores, y uno queda al medio de esa gama. Es embriagante, maravilloso”, palabras de Nancy que grafican que lo suyo, más que un oficio, es un estilo de vida.
Y todo comenzó como una travesura de niños, a escondidas. “Mis dos hermanos mayores son buzos mariscadores, a mí me internaron a los cinco años en Niebla, entonces, cada vez que iba a casa, mis hermanos andaban pescando o buceando, en ese entonces sin permiso, porque en esa época era otra cosa. A mí me interesó mucho salir a pescar con ellos, desde chiquitita. En principio no querían llevarme mucho por tantas situaciones: porque era muy chica, porque era mujer y traía mala suerte, etcétera. Bueno, en ese tiempo sacaba los trajes de buceo a escondidas y me iba al mar con un amigo de crianza y que sus papás también eran pescadores, así que ahí los dos, a la orillita, a no más de medio metro. Buceábamos como jugando. Esto fue como o a los 9 años”.
-Toda una aventura. ¿Y cuándo aprendió, ya más en serio, a bucear?
“Yo aprendí a bucear como a los doce años, creo que las primeras buceadas fue con este compañero en donde yo sacaba los trajes de buceos escondida y él sacaba el bote con el compresor de su papá, mientras él dormía siesta. Ahí yo me fui metiendo al mar. La cosa es que aprendí a bucear como a los 13 años con compresor y traje de buceo. Un día empecé y no me sacaron más del agua”.
-¿Y cómo fue la reacción de sus padres con respecto a este temprano interés en el oficio?
“Cuando mi mamá se enteró que andaba metida en el agua se enojó mucho, porque era un trabajo para hombres, porque las mamás pescadoras son feministas y machistas, pero al final tuvo que aceptar, porque a mí no me iban a sacar del agua. Así que ahí empecé a bucear con mis hermanos como a los 15 años, así nomás, sin permiso. Ellos decidieron salir conmigo porque vieron que era un aporte, porque yo remaba y hacía varias labores. Yo me crié en el mar. Después vino la fiebre del loco, por el 91, ahí creo que saqué la licencia”.
Continuar leyendo:

